Decidir implicaba dirección.
Y la dirección… implicaba consecuencia.
El aire no se movió.
La ciudad siguió respirando con normalidad a su alrededor.
Pero en ese punto exacto, frente al río, algo había cambiado de forma irreversible.
Risa no retiró la mano.
No porque no pudiera.
Sino porque entendía que ese instante… no se repetiría.
El contorno permanecía estable.
Por primera vez desde que había comenzado a existir.
No temblaba.
No se fragmentaba.
No dudaba.
Estaba… sosteniéndose.
Thallia fue l