La mañana se alzó sobre el Castillo de las Sombras con una calma engañosa. Las torres estaban cubiertas por un velo de neblina plateada que parecía contener la respiración del mundo mismo. Los ecos de la música y las risas del banquete de la noche anterior ya se habían desvanecido, dejando tras de sí un silencio espeso, cargado de lo que estaba por venir.
En los corredores, los sirvientes se movían con cautela, notando el aire tenso que se respiraba. No era habitual que el general Lucian Stormb