Los guardias marchaban por el corredor, sus botas resonando en el suelo de mármol mientras llevaban a Willow y las otras concubinas al ala de los ancianos. Las más jóvenes, aún ingenuas y llenas de expectativas, susurraban entre sí, tratando de adivinar lo que encontrarían adelante. Pero Willow, caminando en silencio, sabía exactamente lo que le esperaba. Ya había estado allí antes, junto con Naomi y otras concubinas, sirviendo a los ancianos de maneras que prefería no recordar.
Su rabia contra