Con un gruñido profundo, la loba saltó sobre el hombre, sus garras extendidas, listas para el ataque. El hombre gritó en pánico, sus palabras eran una mezcla de súplicas y órdenes desesperadas.
"¡Para! ¡Para! ¡Por favor!"
Pero la loba no se detuvo. Su cuerpo, movido por la furia, chocó con el hombre, derribándolo al suelo. Sus garras rasgaron la piel del hombre con facilidad, dejando rastros de sangre que se esparcieron rápidamente. La loba mordió con fuerza, sus dientes penetrando profunda