El silencio que siguió al final de los gritos era casi ensordecedor. El olor a carne quemada y la densa energía en el aire eran sofocantes. Phoenix, aun temblando, finalmente murmuró:
"Tú dejaste que esto sucediera," susurró, con la voz quebrándose. "¿Por qué lo permitiste?"
Su voz era baja, pero llevaba una mezcla de tristeza e incredulidad que hizo que Ulrich vacilara por un momento.
Él no respondió de inmediato. En cambio, entrecerró los ojos y respiró profundamente, sus brazos rígidos como