Phoenix se quedó parada cerca de la puerta que acababa de cerrar tras la salida de Ulrich. El sonido hueco del clic de la madera resonó en la habitación, pero el silencio que siguió fue aún más ensordecedor. Sabía que ese era el final para ambos y que, por más que doliera, era mejor así. El peso de su decisión comenzaba a asentarse sobre sus hombros, pero había una cierta paz en el vacío que ahora sentía. Una paz que venía de la libertad conquistada, de la separación que tanto necesitaba.
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