Se acercó a Naomi, con los dedos ligeramente temblorosos mientras comenzaba a desatarle el corsé. Con cada toque, sentía la suavidad y el calor de la piel de Naomi. Su belleza lo hipnotizaba, y no podía evitar admirar la gracia con la que se movía. Era una visión deslumbrante, y sentía su corazón acelerarse. La piel negra de Naomi se erizaba con el toque de él, y Turin se esforzaba por ser lo más gentil y cuidadoso posible.
Naomi deshizo su cabello, dejándolo caer en ondas sobre sus hombros. Po