En el campamento de Ulrich, la atmósfera era tensa. Turin colocó al rey inconsciente en una tienda y llamó a los curanderos para que atendieran sus heridas. "Fue alcanzado por una flecha envenenada con acónito," explicó Turin. "Hagan lo que puedan para salvarlo."
Los curanderos trabajaron frenéticamente, aplicando hierbas y pociones para neutralizar el veneno. Ulrich, aún inconsciente, gemía de dolor. La herida causada por la flecha de acónito era profunda, y el veneno hacía que la recuperación