Ulrich y Eldrus estaban sentados en la mesa del desayuno, inmersos en una conversación que profundizaba en los entresijos de la política y la moralidad. Ulrich, sorprendido por la astucia y valentía de Eldrus, expresó su admiración de una manera que pocos esperaban.
"Debo confesar, Eldrus, que te subestimé", comenzó Ulrich, su voz cargada de sinceridad. "Siempre te vi como un anciano reservado, controlado. Nunca imaginé que serías capaz de tener ideas tan radicales."
Eldrus, sorprendido por el