Los días en Stormhold transcurrían con la precisión calculada de una máquina de guerra a punto de estallar. Ningún amanecer se desperdiciaba. La ciudad-fortaleza, antaño amenazada por el avance implacable del Rey Lucian, se había convertido ahora en un bastión estratégico donde la resistencia forjaba más que armas: allí se moldeaba la esperanza de todo el Valle del Norte.
El Duque Halwyn Wentworth, incansable en su forma de halcón, surcaba los cielos helados rumbo al Este, posándose con ligerez