El líder de los guardias hizo una señal a uno de los hombres, que salió apresuradamente en busca de los artículos a bordo. Ella se acercó a la cama, sus ojos recorriendo el rostro pálido del rey. Él seguía sudando profusamente y su respiración era irregular.
"Vas a estar bien", susurró, como si tratara de convencerse a sí misma.
Sintió un nudo en su corazón, la vulnerabilidad de la situación la envolvía. Ulrich, siempre tan fuerte e imponente, ahora parecía tan frágil. El miedo a perderlo e