Phoenix estaba en sus aposentos, rodeada por sus damas de compañía, mientras la arreglaban meticulosamente para otro día en la corte. El vestido elegido era majestuoso, con un cuello alto y mangas abullonadas, hecho de seda amarilla y adornado con encajes, perlas y joyas, además de una enagua voluminosa que le proporcionaba una silueta amplia e imponente. Naomi, una de las damas, apretaba el corsé al máximo, causando cierto malestar en Phoenix, pero ella soportaba el dolor, pues sabía que era i