Mastiff entonces comenzó a tocar su hocico en la vagina de Elara, lo que la estaba dejando muy húmeda y, enseguida, ella se tumbó en la alfombra de su habitación y Mastiff estaba listo, se podía ver hasta su miembro un poco afuera. La vizcondesa tenía las piernas un poco cerradas, pero el lobo pasó su lengua de abajo hacia arriba muy despacio, haciéndola suspirar al sentir el toque de la bestia, su cuerpo presionándose contra el de él.
Cada vez que Mastiff lamía con más ganas, Elara se excitaba