CRYSTAL.
Ya no estaba en el claro helado y empapado de lodo de los Bosques Huecos. Estaba encadenada al centro del sol.
La lluvia helada que golpeaba mi piel no se sentía como hielo; se sentía como gotas de aceite hirviendo chisporroteando contra mi carne. Sentía mis venas como si hubieran sido abiertas y bombeadas llenas de vidrio líquido y fundido.
La luz de las estrellas cegadora y divina que había sacado de las profundidades de mi alma para destrozar la Brújula de Sangre ya no era un arma q