Dorothea se tiró sobre el emperador al querer salvar a su niña, esa joven que adoraba y que, debido a la fuerza con que el hombre le estaba sosteniendo de la ropa, parecía no poder respirar con normalidad.
Y es que Samia no podía hacerlo, no era solo que el cuello de su vestido le estaba estrangulando con fuerza, sino que la expresión de furia de ese hombre le tenía congelada hasta la respiración.
Leone II, colérico por las nuevas obtenidas, y aún más furioso porque esa mujer mayor se atreviera