—Isabella, ¿en donde estas? —Enrique sonó del otro lado del celular. Rodé los ojos porque no me gustaba que me estuviera controlando todo el tiempo.
—Necesitaba un respiro —respondí, entrando a la empresa donde se necesitaba una secretaria para presidencia. Era la única oportunidad para poder encontrar un trabajo digno.
—Vuelve a casa pronto por favor, no me gusta que andes por ahí sola. —casi lo oía exasperado.
—Relájate, Enrique, relájate. —corté la llamada y guardé el celular dentro de mi bo