El lugar era lujoso, si, pero tenía a mucha gente extraña. Gente que jamás pensé que vería así de cerca. Y vaya que sé reconocer a una gente mafiosa cuando la veo. Me preguntaba que demonios estaba haciendo aquí, si Enrique se diera cuenta pondría el grito en el cielo. Me estoy metiendo en la boca del lobo me decía a mi misma. Sin embargo ya estoy aquí y no se que hacer, digo, no puedo hacer nada.
—Ven por acá, hay alguien que quizás ya conozcas —murmuró, llevándome a una zona más privada, más