—Lo siento. Consiguió disculparse, un poco avergonzado por dejarse llevar por sus emociones. Isabella esbozó una breve sonrisa, apreciando el hecho de que hubiera vuelto a crear un espacio entre ellos.
Permanecieron en silencio un momento, limitándose a dedicarse sonrisas torpes. Ninguno de los dos sabía realmente qué paso dar a continuación. Isabella sabía que, de algún modo, tendría que escapar.
—Yo... tengo que irme. Lo siento, la hora de comer casi ha terminado—. Le dijo mientras intentaba