Enrique estaba fuera de su habitación con los ojos cerrados y una mano colocada en el lado izquierdo del pecho, como si eso fuera a controlar los latidos acelerados de su corazón. Finalmente, abrió los ojos mientras tragaba saliva y dejaba caer la mano a su costado. Enrique sabía que estaba haciendo todo mal. Se suponía que eran profesionales, pero no podía evitarlo. Su corazón se aceleraba cada vez que ella estaba cerca, pero hacía un buen trabajo fingiendo que su presencia no le afectaba. La