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—Lo siento mucho, Isabella, pero no se me ocurre ningún sitio que le venga bien a tu amiga. Le ofrecería mi casa, pero estoy casada y vivo con mi marido, así que... Lo siento, pero si encuentro un piso libre me aseguraré de avisarte—. le dijo Macy, mientras le cogía la mano y Isabella asentía con la cabeza mientras lograba sonreír.

—Sí, comprendo. Gracias por escucharme—. Isabella agradeció y Macy asintió antes de alejarse.

Isabella suspiró con fuerza justo después de que Macy se marchara. Se f
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