Gael.
Después de asegurarnos de que Sofí estuviera cómoda en su cama de hospital, me quedé a su lado mientras pasaban los días. Ian, nuestro pequeño luchador, seguía mejorando, y el médico nos aseguró que pronto ya no necesitaría ningún sistema de ayuda y estaría a diario en los brazos de su madre.
Pasaron los días con extrema lentitud para mí, pero no me quedé quieto, cuando Sofí caía rendida era mi mejor momento de actuar, y en silencio, trabajé como u desquiciado, mientras Slim se volvía un