Mundo ficciónIniciar sesiónRegalar años de vida es generoso hasta que descubres que cada regalo disminuye tu propia existencia, y la eternidad tiene límites que nadie mencionó.
La habitación olía a incienso de sangre de dragón y hierbas del Inframundo. El Rey yacía sobre las sábanas de seda negra, su pecho desnudo mostrando las runas que había grabado personalmente esa mañana. Veinte años. Le daría otros veinte años.
—¿Estás segura? —preguntó él, sus ojos rojos encontrando los míos con una mezcla de grati







