Mundo ficciónIniciar sesiónConfiar en quien juró destruirte es optimismo; sorprenderte cuando te traiciona es idiotez, y Adriana acababa de graduarse con honores.
El pequeño cuerpo de Kael se incorporó de la cama con una gracia que nunca había poseído. Sus movimientos eran demasiado fluidos, demasiado calculados para un niño de cinco años. Observé cómo sus ojos —ahora de un rojo carmesí idéntico al de Ravenna— escaneaban la habitación con la precisión de un depredador evaluando su territorio recién conquistado.
Tres almas en un cuerpo, pensé mientras sentía cómo mis manos temblaban alrededor de los gemelos que sostenía contra mi pecho. Pero solo una está al mando.
—Fascinante —murmuró Kael con la voz de Ravenna, aunque distorsionada por las cuerdas vocales infantiles—. Tres consciencias, un solo recipiente. Puedo sentirlo







