Compartir cuerpo con quien odias es descubrir que el infierno no necesita fuego; solo necesita un espejo interno que nunca puedes romper.
La primera sensación al despertar fue la de estar atrapada en una jaula de carne que ya no me pertenecía completamente. Mis ojos se abrieron, pero no estaba segura de si había sido yo quien había dado la orden. El techo de la habitación se extendía sobre nosotras, familiar y extraño a la vez, como si lo viera a través de cristal empañado.
*Intenta levantarte*