Aquella palabra salió a duras penas de sus labios, convirtiéndose en un susurro forzado.
El silencio se cernía abrumadoramente sobre nosotros, Damián mira con inquietud hacia el suelo y empieza a negar con su cabeza.
—¿De qué estás hablando?, ¿Por qué me dices una mentira cómo esa?, ¡Tú no eres eso, tú no eres así! —afirmó con desespero mientras se acercaba nuevamente a mi, y seguido de ello, tomar nuevamente mi rostro y colocar su frente sobre la mía.
Sus manos temblaban ligeramente sobre mis