—¡No, no, Jennifer, nosotros no tenemos nada! —dije apresurándome a intervenir.
Jennifer respira con dificultad mientras me mira llena de furia. Sin embargo, su ira no puede ocultar su dolor, y las lagrimas no tardan en brotar de sus ojos.
—¡Todo este tiempo ustedes solo jugaban con nosotros! —pronunció entre dientes con indignación, al tanto que su voz se quebraba.
—Por favor, déjanos explicarte las cosas —le pidió Lucas.
—¡Claro que no!, no necesito más mentiras y falsedad. Ahora entiendo que