Miro los ojos llorosos de Damián mientras no puedo parar de llorar. —Yo también te amo, Damián, te amo con toda mi alma —le dije casi sin poder respirar. Damián besa mis labios con intensidad, amor y necesidad; yo lo secundó y siento que mis piernas tiemblan y mi corazón rebosa de felicidad. Nos separamos sin aliento y junto su frente con la mía mientras su nariz roza la mía.
—Por favor, no me pidas que te deje sola —susurró.
—Tienes que poner a nuestra hija a salvo... —En cuanto esas palabras