Solté un sonido de exasperación, bajé las escaleras y pronto salí de la casa. Debido a la hora, pedí un taxi que no tardó mucho en llegar. Tiempo después, el auto frena en un local que aparenta ser una tienda de empeño.
Salgo del taxi y entro al lugar. Lo primero que veo es a un señor del otro lado de la vitrina revisando un collar con una lupa.
—¿Eres Julio? —pregunté.
—Depende de quién lo pregunte... —respondió y luego me miró de reojo—. ¿Qué hace una dama tan elegante como usted en una tiend