El sol de Alzhar caía implacable sobre la limusina negra que avanzaba por la carretera principal hacia el palacio. Mariana observaba por la ventana polarizada cómo el paisaje desértico se transformaba gradualmente en los jardines cuidadosamente diseñados que anunciaban la proximidad de su destino. Su corazón latía con fuerza, mezcla de anticipación y temor.
—Llegaremos en cinco minutos, señorita —anunció el chófer con tono neutro.
Mariana asintió, aunque sabía que él no podía verla a través de l