Mundo ficciónIniciar sesiónLa diferencia entre víctima y victimaria a veces es solo cuestión de quién actúa primero.
El aire dentro del contenedor había adquirido esa cualidad espesa que precedía a la asfixia. Mariana lo sintió en sus pulmones antes de que el reloj de su muñeca marcara la primera hora completa de encierro. Cincuenta y siete minutos exactos desde que la puerta metálica se había cerrado con ese sonido de vacío absoluto que prometía no volver a abrirse fácilmente.
Sami hiperventilaba en la esquina opuesta, sus hombros subiendo y bajando con una rapidez que hacía que el aire escaso circulara aún más rápido entre ellos.
—Cálmate —dijo Mariana sin moverse de su posición contra la pared—. Consumes más oxígeno.
—¿Cómo puedes estar tan tranquila? —la voz del chico salió quebrada,







