Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire del hospital tenía ese aroma particular que Mariana había aprendido a odiar: desinfectante mezclado con ansiedad, esperanza y miedo. Sus dedos se aferraban a la taza de café que había perdido todo su calor hace una hora, mientras observaba el monitor que registraba los signos vitales de Khaled con esa insistencia mecánica que la tranquilizaba y la atormentaba a la vez.
Nunca pensé que lo vería así, reflexionó, conte







