Mundo de ficçãoIniciar sessãoMariana se quedó inmóvil en el establo durante largos minutos después de que Sofía se fuera. El olor a heno y cuero, que momentos antes había sido reconfortante, ahora la asfixiaba. Khaled intentó tocarla, pero ella se apartó, ajustándose la ropa con dedos temblorosos.
—Mariana...
—No —su voz sonaba hueca—. No hables. Por favor.
Hassan carraspeó desde la entrada, su incomodidad palpable.
—Mi señor, el Consejo...
—Dile al Consejo que espere —gruñó Khaled.
—No pueden esperar. Y usted lo sabe.







