Capítulo 32. La verdad que no redime.
Fabio Rossi se apartó lentamente del grupo de médicos y de los padres de Belinda, sintiendo que el mundo a su alrededor se volvía una neblina espesa. Su pecho ardía con un dolor indescriptible, como si cada latido le desgarrara desde dentro.
Había perdido otra hija y esta vez él había sido el único culpable, no la protegió. Dejó que las lágrimas brotaran de sus ojos, con la desesperación anidando en su pecho, y aunque Belinda seguía viva, pendía de un hilo.
El hospital parecía un laberinto de p