Capítulo 24. La caída.
Belinda perdió la noción del tiempo en aquella celda. Los días transcurrían con una monotonía cruel, sumergiéndola en un abismo donde el hambre y la desesperación eran sus únicas compañeras. Su cuerpo estaba entumecido por el frío del suelo de cemento.
Apenas le daban de comer una vez al día, y el agua era tan escasa que su garganta siempre estaba seca. La piel se le pegaba a los huesos, y sus pensamientos se volvían más oscuros con cada segundo de soledad.
Cuando finalmente la sacaron, habían