IVANA
—¿Húmeda? —pregunta con ese tono rasgado.
—Podrías beber de aquí para calmar tu sed—respondo—pero no me hago responsable si te vuelves adicto a mi fuente.
Curva los labios en una sonrisa sexi y el resto del mundo no tiene ni puta idea de lo que pasa en la soledad de nuestra intimidad.
—Eres tan bella que ni yo mismo puedo creer que seas mía.
Se me acelera el corazón con sus palabras. No se por qué lo dudo tanto si con él lo tengo todo ya que se entrega a mi sin medidas.
—Mira como m