Manada de la Luna Plateada
Kieran salió de su cámara, con las botas resonando contra el suelo de mármol.
Justo entonces, un guardia se acercó apresuradamente, con una carta sellada en la mano.
—Esto fue entregado para usted, Alfa. No se identificó ningún remitente —informó el guardia, inclinándose ligeramente.
Kieran entrecerró los ojos.
—¿Otro cobarde que tiene miedo de mostrar su rostro? —Tomó el sobre sin ceremonia—. Déjame adivinar, más susurros de ese patético Alfa intentando hacer alian