—Muchas gracias —agradecí a Francis al abrirme la puerta de su auto. Me invitó a cenar y acepté gustosamente. Me comentó que tenía una buena noticia.
—Es un honor para mí. —me entregó un ramo de flores. Estaban hermosas.
Bajamos del auto e ingresamos al restaurante. Tomamos una mesa cerca de los ventanales. Un mesero tomó nuestra orden y en pocos minutos nos sirvieron nuestra comida.
—Gracias por la cena.—mencioné.
—No tienes nada que agradecer, además, estoy muy contento, ya que el día de ho