YAMILA KAYÁ
Aarón me miró, con una llamarada de hielo y ventisca ardiendo en sus ojos. Era imposible no darse cuenta que le estaba costando no salir de mi apartamento a la carrera, buscar a su hermano y hacerle pagar por los insultos contra mi, por perseguirme y acosarme, incluso hasta por abandonarme.
—¡Quédate, por favor!— insistí desesperada y queriendo evitar una tragedia. Ya bastante tenía la señora Génova con estar herida, como para ver a sus dos hijos pelear. Estaba segura que después d