YAMILA KAYÁ
Cuando Amed despertó, Aaron y yo estábamos en el comedor, aun tratando de asimilar lo que ambos acabábamos de descubrir. Para ninguno de los dos había sido fácil, pues resultaba que el inmencionable podía perfectamente auditar para el papel del archienemigo en cualquier obra.
Yo lo odiaba por lo cruel y poco hombre que había sido a la hora de abandonarme, y las razones de peso de Aarón para odiar a su propia sangre, me eran desconocidas , pero sospechaba que lo aborrecía por lo ir