El mundo supo cuándo Valerius Dragomir cruzó el umbral de la Frontera Norte.
No hubo trompetas.
No hubo anuncios.
El aire simplemente… cedió.
Los árboles se inclinaron de manera imperceptible, como si una fuerza invisible les ordenara reconocer al depredador supremo. Los lobos de guardia sintieron el impulso primario de arrodillarse antes de comprender qué estaba ocurriendo.
Noah fue el primero en reaccionar.
—Escudos arriba —ordenó—. Nadie ataca. Nadie provoca.
Demasiado tarde.
Valerius aparec