Damon
La vi.
Dioses, la vi. Después de tanto tiempo, después de tanta oscuridad tragándome desde dentro… ahí estaba ella. De pie en medio del claro, con el cabello alborotado por el viento como si la misma tierra la adorara. Tenía la falda manchada de barro, las manos temblorosas sujetando algo contra el pecho —un cuaderno, quizás—, y los ojos... los ojos eran un océano que no había dejado de llamarme en todo este tiempo.
Mi nombre estaba grabado en cada pestañeo suyo.
Me quedé entre los árbole