Una sonrisa iluminó el rostro de Celeste al escuchar la respuesta del Alfa. Entonces se giró y se dirigió hacia la habitación.
Elliot la siguió y, una vez dentro, cerró la puerta tras de sí, mientras ella se acercaba a una pequeña mesa de noche y dejaba el jarrón de agua que había estado sosteniendo, no sin antes cargar el agua en un vaso de vidrio, la cual se la bebió toda de una vez. Estaba sedienta.
Elliot, por su parte, avanzó unos pasos más en el interior de la alcoba.
—Entonces, Damián te