C335: EL DEBER DE UN HIJO.
Elliot comprendió que no se trataba de una respuesta cualquiera; cualquier palabra mal elegida podría desencadenar consecuencias imprevisibles. Durante un instante, guardó silencio, midiendo sus opciones.
—No… —dijo finalmente—. Buscaría hablar contigo, llegar a un acuerdo y resolverlo en privado.
Aquella respuesta no era completamente honesta, pero cumplía su propósito: apaciguar el ánimo de su padre.
Rayborn lo observó unos segundos más, hasta que finalmente asintió con satisfacción.
—Muy bie