Aquella declaración dejó a Dalila en silencio. Sus labios se entreabrieron, pero no pronunció palabra alguna. Había en su interior una lucha evidente: no quería herirla, no deseaba responder de una manera que pudiera quebrar aquello que Nayla estaba entregándole con tanta honestidad.
—Sé que amas a Damián —añadió Nayla con una serenidad que ocultaba el esfuerzo que le costaba decirlo—. Así que no te preocupes. No estoy intentando cambiar nada ni esperando algo. Solo necesitaba decirte esto… exp