Damián volvió a quedarse en silencio, mirándolo como si esperara que en cualquier momento todo aquello se desvaneciera por lo absurdo. Luego soltó otra risa. Era la única manera que tenía de no perder el control ante lo ridículo de la situación.
—¿Me estás diciendo que estoy condenado? —preguntó al fin, pasándose una mano por el rostro—. Es evidente que Gael no siente nada por mí. Todo esto es unilateral.
—¿Y cómo puede estar tan seguro de eso, joven Alfa? —preguntó Alaric—. Ese soldado le prof