C194: NO PUEDE MARCHARSE.
Sigrid permanecía inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido a su alrededor. Las lágrimas comenzaron a deslizarse lentamente por sus mejillas, pero no eran de tristeza, sino de una felicidad tan intensa que casi dolía. Sus labios temblaron antes de que pudiera articular palabra.
—¿De verdad eres tú? —susurró con la voz quebrada—. ¿Damián… mi hijo?
Damián sonrió con suavidad y asintió despacio.
—Sí, mamá. He venido por ti… he venido a buscarte, a conocerte. Es un honor, un verdadero honor, p