Mundo ficciónIniciar sesiónVilla de las Mercedes
— ¡Hola, amorcito! — saludó Rianna con intención traviesa mientras se sentaba a horcajadas sobre el abdomen de Evan.
Las pocas horas en que Swels había logrado conciliar el sueño aquella noche, habían sido interrumpidas por un enorme hombre uniformado que parecía divertirse blandiendo dos hachas blancas de mango corto, y una loca que jugaba a balancear uno de su







