Hay verdades que no se dicen completas.
No porque no puedan.
Sino porque decirlas implica romper más de lo que se está dispuesto a perder.
Esa era la posición en la que Emilio se encontraba.
Y, por primera vez desde que todo había comenzado a tensarse, sabía que ya no podía seguir sosteniendo el silencio de la misma forma.
Pero tampoco podía soltarlo todo.
No aún.
La noche anterior no había terminado realmente. El beso, la cercanía, la confesión incompleta… todo seguía presente, no como