El control no se pierde de golpe. Se erosiona en silencio, se debilita en cada momento en que se contiene lo que debería decirse, en cada decisión en la que se elige esperar en lugar de actuar. Emilio llevaba demasiado tiempo sosteniendo una postura que ya no correspondía con lo que estaba sintiendo. No era impulsivo, nunca lo había sido, pero tampoco era indiferente. Y lo que estaba viendo… comenzaba a afectarlo más de lo que podía justificar como simple estrategia.
Cuando se acercó a Esme