El agua tibia de la ducha barrió los últimos restos de la fatiga y el sudor de la tarde. Esmeralda salió del cuarto de baño envuelta en una bata de seda color perla, encontrando la recámara ya parcialmente ordenada. Las sábanas revueltas habían sido estiradas con esa eficiencia muda que caracterizaba la discreción de la casa, y sobre el sillón descansaba un conjunto limpio: un pantalón de pinzas negro y una blusa de seda marfil. La armadura corporativa regresaba, pero esta vez con texturas más